El Tarot es un juego de cartas concebido en la Italia renacentista, alrededor de la escuela Neoplatónica de los Medici, y madurado en la Francia de la Ilustración. Es un juego para la mente moderna. A la baraja tradicional de 56 cartas, traída a occidente por los cruzados, se le añaden 22 nuevos triunfos en la Italia del Renacimiento, los Arcanos Mayores; originando un juego de 78 láminas, que toma su forma definitiva en la Francia prerrevolucionaria. El llamado Tarot de Marsella, impreso en 1760 por Nicolás Conver. Reflejo del momento histórico-artístico en el que es construido, encierra en su simbología pequeños juegos de divulgación filosófica barajada, y nunca mejor dicho, con cultos mistéricos.
Es un LENGUAJE VISUAL que describe modelos claros de todas las circunstancias que uno puede encontrar en la vida, modelos universales que nuestra mente reconoce al instante. Llamo a los grabadores y teóricos del Tarot, los Arquitectos del Tarot. A estos modelos con un fuerte contenido icónico, primero los llamaron Triunfos, luego Arcanos, hoy Arquetipos. El Tarot nos puede servir para iluminar las zonas oscuras de nuestras vidas, darnos pautas claras de trabajo interno y ayudarnos a mejorar. Es una herramienta de transformación, de autotransformación, nos ayuda a construirnos en una mejor versión, concepto tan en voga.
Para eso sirven los oráculos, para ayudar en la legítima aspiración de la humanidad a la felicidad.
Lo defino como la PRIMERA INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Cada lámina tiene una línea de código, al combinarlas elabora mensajes concretos. Cada mensaje es único e irrepetible. Como a SIRI hay que aprender a preguntarle. La magia interviene en lo azaroso de la ordenación al barajar las 78 líneas de código. La intervención del AZAR.
Una vez calculamos en la Gran Tirada— la que empleo en mis consultas que traza el mapa del momento en el que estamos, a través de 26 cartas,— la cantidad de combinaciones posibles, dando alrededor de 350 quintillones de combinaciones diferentes, 350 seguido de 18 ceros. 350.000.000.000.000.000.000 combinaciones. La probabilidad de que salga la misma combinación es prácticamente nula, esta es la magia. Lo azaroso del barajar. Un pequeño milagro. A cada consultante, en cada momento, un mensaje único. Ese es el primer misterio.
A veces, cuando todo zozobra, se convierte en el asidero de nuestra desesperación por su capacidad de fabular futuros, escenarios estratégicos diferentes, varios, no uno solo, nada está escrito en piedra, como dice Yoda, “el futuro siempre en movimiento está” y por su absoluta convicción en la renovación al alcance de la mano. Funciona más que como una herramienta de precognición, como una herramienta de estrategia. Te permite analizar diferentes escenarios, diferentes vías de acción. Para el Tarot solo hay certezas de presente, es donde todo se construye, donde podemos maniobrar y planear los pasos. A veces las pitonisas ven el futuro ayudadas por la baraja, pero supongo que “esas visiones” tienen más que ver con fracturas temporales ya que el tiempo probablemente no sea lineal. Son conocimientos que se me escapan. Habría que leer a Einstein y entenderlo, algo que no está a mi alcance. Si bien es cierto que al Tarot no le interesa hablar del futuro, ya que las maniobras a nuestra alcance están en el presente, anticipa ciertos probables futuros, frutos del momento actual. Me gusta fotografiar las tiradas y comprobar que contaban una vez pasado el tiempo. El Tarot me ha dado las suficientes lecciones de humildad que me han hecho entender que si bien, él nunca se equivoca, a veces yo no acierto a interpretarlo, esa también es su magia, el segundo misterio.
Esto me lleva también a exponer las tres grandes pautas que aconsejo a la hora de manejarlo.
Primero lectura, leer el símbolo intentando rescatar en su gran polisemia, los significados que armonicen entre naipes, esto crea la frase. Luego interpreto la frase, llevándola al tema consultado, por último puedo aventurar el pronóstico. Un arte de elocuencia y capacidad de fabular. Ahí la pitonisa se convierte en Mago. Lectura/interpretación/
A veces solo necesitamos poner en medio de una duda, sus símbolos para apoyar nuestra capacidad de razonamiento, reactivarla y encontrar salidas a atolladeros vitales. A veces su mensaje es solamente, no pierdas la fe, la felicidad es también para ti.
En sí mismo, como hijo de su tiempo, preconiza el tránsito de la Edad Moderna a la Contemporánea, anticipando el derrumbe de las clases sociales, el triunfo de la ciencia y la libertad de la mujer. Es asombroso su mensaje en este sentido, la mujer igual al hombre, Papisa- Emperatriz junto a Emperador-Papa, lo espiritual y lo civil, lo masculino y lo femenino. El triunfo de las virtudes que forjan el carácter, Templanza, Justicia y Fuerza, solo que en vez de aspirar a la PRUDENCIA, como aseguraban los filósofos griegos, nos lleva al Diablo, con su todo vale. También habla del triunfo de la ciencia, expresado en el Mago y culminado con la Estrella y el Mundo, la maravillosa doncella desnuda que cura y equilibra elementos. En su espíritu nos manda un mensaje claro, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, lo peor que nos puede pasar es que MIEDO nos domine, ya que EL MIEDO MATA LA MENTE, pero siempre nos dice que es subjetivo un constructo de nuestra mente enloquecida fraguando hipótesis catastróficas e improbables por venir. Es una llamada al control. El antídoto es el Loco, el libre que siempre busca alternativas en el viaje de la vida y el Diablo que nos empodera, en alusión a los dioses de naturaleza salvaje que viven en el bosque. Un universo simbólico fascinante.
Llamo a los grabadores y teóricos del Tarot, los Arquitectos del Tarot
Como juego, me recuerda al Juego de la Oca, el Loco en su viaje se desliza por 21 casillas. En su progresión del Mago al Mundo, nos habla de los ciclos de la vida y del viaje de nuestro guerrero espiritual. De las luces y las sombras entre las que oscilamos. «Conócete a ti mismo», era una de las máximas del Oráculo de Delfos. El Tarot es un manual para desenvolverte en el juego de la vida. Nos encarnamos en el Loco, eterno viajero, sin aparente estatus, el héroe del viaje, un personaje que en cierto modo todos menosprecian pero que esconde la potencialidad de convertirse en príncipe. En el primer septenario la gran madre y el gran padre arquetípicos te cuentan cómo es el mundo y cuál es tu lugar en él. En el segundo septenario te enfrentas con tus propios recursos a la vida, te invita a forjar el carácter en las virtudes éticas, Justicia, Fortaleza y Templanza – cuando la sociedad y el ser humano se guían por las virtudes, Justicia los gobernantes, Fuerza los guerreros y Templanza el resto, la sociedad alcanza la Prudencia, decía Platón. El Tarot en cambio no tiene Prudencia, aparece el Diablo, encarnando la dualidad Baal/Cernunnos, dioses de naturaleza salvaje – El tercer septenario arranca con él, si tu carácter se ha forjado en las virtudes te permite empoderarte, sino te ata a tu forma más baja. Suponiendo tu empoderamiento, puedes desprenderte de las cárceles mentales en la Torre y elegir tu destino de la mano de la diosa acuariana de la Estrella y alcanzar tu forma más elevada. El Loco en su viaje completo por los 21 arcanos muta en la doncella del Mundo, que equilibra las cuatro inteligencias expresadas en los Arcanos Menores.
El Loco tiene la potencialidad de convertirse en príncipe
Los 56 Arcanos Menores nos pautan estrategias para optimizar el uso de las cuatro inteligencias que describen e integrarlas. Los filósofos griegos son los que hablan que el universo está compuesto por 4 elementos, aire, agua, fuego y tierra; sometidos a dos fuerzas, amor que genera y crea, odio que separa y destruye.
Las espadas/aire, están en la mente. YO PIENSO; las copas/agua, en el corazón, YO SIENTO; los bastos/fuego, en las manos y el aparato reproductor, YO CREO, YO CONSTRUYO; y los oros-tierra, nos llevan a la carne, nos enraízan a la tierra, a lo real, al universo tangible. Hay materia o no la hay. YO SOY. Así se plantean nuestras inteligencias: abstracción (espadas), emoción (copas), habilidad (bastos) y materialización (oros).
Esto unido a una progresión numérica del uno al diez que articula una semilla metafórica que se expande desde su germinación hasta su eclosión. El as la potencialidad del palo, el dos la dualidad, el tres relaciona e impulsa como una flecha, el cuatro la estabilidad del cuadrado, el cinco – con su relación con el Papa,V y el Diablo, XV, se convierte en vehículo de la amenaza del Papa, “si no obedeces la Ley, irás al infierno”, saltándose todas las pautas pitagóricas que lo cifran como el número aúreo– nos habla del miedo, el seis recupera la esencia del palo y lo hace florecer, el siete obra la magia de la expansión material (3+4), el ocho expande el territorio del cuatro, el nueve intensifica la energía del palo, el diez muta.
Culminan en los Cuatros Castillos. El castillo de las copas es el castillo en primavera, y aspira a la felicidad, hay romances y romanceros, se sonríe y conversa y todos retozan en los prados primaverales. El castillo de los bastos es el castillo de verano, es época de cosecha. Se trabaja hombro con hombro, se llenan los graneros para que todo el mundo esté seguro y satisfecho. El castillo de los oros contabiliza los bienes en otoño. El castillo de las espadas es el castillo en invierno, el castillo en guerra. La guerra se ha de ganar sin librar batallas, es el triunfo de la estrategia. Las espadas son armas que se esgrimen, no que te hieren como en algunas barajas. Esta es la razón fundamental que siempre me lleva a rechazar el Tarot Rider.
Cuando te inicias en el Tarot, compras una baraja y la incluyes en tu vida, una vez pasada la borrachera del primer momento en el que se convierte en eje obsesivo, esa fase la hemos pasado todos, y estableces tu relación sana y no dependiente con él, se convierte en un amigo fiel y leal que siempre estará ahí para ayudarte con su profunda sabiduría y certeza en las dificultades y encrucijadas del viaje de la vida. Con los años y la relación energética que establecemos con el mazo, tendrás la sensación de que ese pequeño montón de cartón es como un ser vivo con una capacidad asombrosa de comunicación. Curiosamente esto no pasa con las barajas nuevas, hay que usarlas un tiempo para que tengan tu impronta. Supongo que esa es también otra prueba de su magia. El tercer misterio.
Cada baraja recoge tu impronta
Siempre aconsejo a mis alumnos que miren las cartas, no existieron manuales de Tarot hasta que Etteila en los albores de la Revolución Francesa, escribe el primero. El juego durante los dos siglos anteriores desde su creación crece y muta iconográficamente como un libro desencuadernado, como lo define Ramón Arola en su libro sobre el Tarot de Mantegna. Por esto la clave es observar con limpieza mental, sin dejar que la mente racional tome las riendas, sus símbolos, observar sus pequeños juegos visuales. Si alineas las espadas y los bastos, verás una onda de energía en movimiento que se modula en las espadas, y que se tensa en los bastos. Verás en el dos de copas, el nacimiento de un fénix custodiado por dos ángeles, que arderá en el cuatro de oros. Verás un montón de espermatozoides circular por las trompas del dos de oros, naipe donde los Arquitectos siempre han firmado sus barajas. Verás brotar una semilla vegetal en el seis de oros, la mano de oro en el regazo de la reina de bastos, los signos de la bruja en la Fuerza, el águila hembra en el Emperador, la enumeración es larga. Tantos pequeños guiños.
En esa observación de similitudes y diferencias están muchos de los mensajes secretos del Tarot. Por supuesto siempre hablo del Tarot de Marsella, la versión restaurada por Jodorowsky y Camoin en el cenit del milenio anterior.
Podemos leer todos los libros escritos por los magos, todos los libros escritos por los filósofos y los antropólogos, por los grandes estudiosos del inconsciente colectivo, del arte y los mitos, pero el Tarot nació sin manuales, como un juego de imágenes y números. Como dice el Apocalipsis, quien tenga inteligencia, calcule. La clave siempre será mirar los naipes.
